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Miércoles, 24 de Agosto de 2011 / 10:07 h.
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Actualidad municipal
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El Ayuntamiento de Marbella, a través de la delegación municipal de Cultura y Enseñanza, informa de que la agenda cultural de septiembre se inaugurará con la puesta en escena de la obra “El Testigo”, del escritor gaditano Fernando Quiñones, a cargo de Rafael Álvarez ‘El Brujo’. Las funciones serán los días 2 y 3 de septiembre, en el Teatro Ciudad de Marbella, a partir de las 21.00 horas. Las entradas, al precio de 22 euros, pueden adquirirse a través de El Corte Inglés y en la taquilla del Teatro.
RAFAEL ÁLVAREZ “EL BRUJO”
Nace en Lucena, Córdoba y su actividad con el teatro se inicia en el Corral de Comedias del Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista en el año 1970. Colabora con distintas compañías y desde 1986 compagina su actividad teatral con el cine y la televisión.
En 1988 funda junto con José Luis Alonso de Santos, Gerardo Malla y Jesús Cimarro, la productora de teatro Pentación, S.A. En 1995 funda su propia productora, Producciones El Brujo, S.L. dedicada a la distribución y la producción de teatro y audiovisuales y con ella ha llevado sus espectáculos por los festivales más importantes de España y los más reconocidos de países como Bélgica, Francia, Portugal, Italia, México y Venezuela, entre otros.
Desde su primera colaboración en 1969 en el montaje “La escuela de los bufones”, de Michel de Ghelderode, ha participado en numerosos montajes como “El juego de los insectos”, de los Hermanos Kappeck y “El horroroso crimen de Peñaranda del Campo”, de Pío Baroja, ambos dirigidos por José Luis Alonso de Santos. Ha protagonizado “La taberna fantástica”, de Alfonso Sastre, dirigido por Gerardo Malla; “Pares y Nines”, de José Luis Alonso de Santos; “Lazarillo de Tormes”, en versión de Fernando Fernán Gómez; “El pícaro: aventuras y desventuras de Lucas Maraña”, de Fernando Fernán Gómez; “La sombra del Tenorio”, de José Luis Alonso de Santos…y un largo etcétera que culmina con sus últimos trabajos: “San Francisco, juglar de Dios”, de Dario Fo, “Una noche con El Brujo” y “El Testigo” dirigidos por el propio Rafael Álvarez.
Desde el año 1986 compagina su actividad teatral con el cine y con la televisión, participando en películas como “El Crack”, de José Luis Garci; “La taberna fantástica”, “Don Juan mi querido fantasma”, de Antonio Mercero; “Alma gitana”, de Chus Gutiérrez; “Niño nadie”, de José Luis Borau; “Pajarito”, de Carlos Saura; y más recientemente la adaptación de Fernando Fernán Gómez para el cine de “Lázaro de Tormes”, película galardonada con dos Goyas de la Academia de Cine español.
Como reconocimiento a su carrera, Rafael Álvarez ha recibido numerosos premios, entre los que destacan el Premio Ícaro, concedido por Diario 16, el Premio De Antena 3 a la mejor interpretación teatral (1985), por su trabajo en Lazarillo de Tormes; Premio El Espectador y La Crítica 1986, por La Taberna Fantástica, Premio Asociación de Espectadores Ciudad de Alicante en 1986 y 1994, por Lazarillo de Tormes; Premio Ercilla de Bilbao 1996 a la Mejor Interpretación por La sombra del Tenorio; Premio Meliá Parque al Mejor Actor por Anfitrión; Premio Cadena COPE, Ilustres de Baracaldo 1999 por El Contrabajo; y Premio Canal Sur al Mejor Espectáculo teatral 2000 por Arcipreste.
En diciembre de 2002 se le concedió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, máximo galardón que concede el Ministerio de Cultura y que SS.MM. los Reyes de España entregaron en septiembre de 2003.
En “El testigo”, El Brujo interpreta al acompañante del cantaor flamenco Miguel Pantalón, ese “testigo” del que habla Quiñones, y sobre el que Rafael ha escrito lo siguiente:
“Conocí a Fernando Quiñones en los años setenta. Daba unos recitales de cante y poesía acompañado a la guitarra por otro gran poeta de su generación: Félix Grande. Me invitaron a recitar con ellos unos poemas (Eran poetas andaluces contemporáneos suyos, entre los que recuerdo especialmente a García Baena). El acto fue en el colegio mayor de San Juan Evangelista de Madrid. Quiñones me bautizó después y me presentó al público diciendo: es un rapsoda. Los cantaores flamencos son rapsodas y Fernando Quiñones era poeta y rapsoda.
Era un hombre especial. Su físico era chocante: Ni guapo ni feo. Raro. Su voz todavía la recuerdo. Cierro los ojos leyendo el texto de "El testigo" y puedo oírla. Cuando leí por primera vez "El testigo" oí LA VOZ. Me ocurrió hace años cuando hice "La taberna fantástica". Y nunca más. Ese es el motivo real por el cual yo estoy involucrado en este trabajo. Además, es una deuda antigua. El flamenco fue para mí un ritual de iniciación al arte y fue un método secreto para ganar seguridad cuando comencé a trabajar en el teatro. A los tonos y a los gritos del cante yo les debo mucho como actor. Mi voz se permeó de todo ello, como de todo lo que oí en mi infancia en Andalucía.
Todavía suena todo eso en mi memoria como las campanas de la iglesia de mi pueblo. Al misterio que encierra el cante jondo le debo más, pero eso no puedo explicarlo aquí. Tengo que hacerlo en el escenario, con el texto de Fernando Quiñones. A lo largo de dos meses de ensayo he ido descubriendo cada vez más matices y sabiduría poética, y sentido del ritmo, y de la medida, y delicadeza, en este aparente costumbrismo que encubre en el texto de Quiñones, algo más que está debajo de la fachada: el conocimiento profundo y el estilo de un grandísimo escritor. No me extraña en absoluto que Borges le apreciara sobremanera.
Espero estar a la altura de las circunstancias y vengo aquí con el respeto y la reverencia que me inspiran tanto el cante como la mestróa literaria de un hombre que supo transmutar su devoción por el cante en filosofía, poesía y gracia. Cuando Francisco Ortuño (Al que agradezco que pusiera en mis manos esta joya), me dijo que este texto era la elevación del flamenco a la categoría de pensamiento yo no sabia lo que estaba diciendo. Aunque la frase me gustó. Por quedar bien le dije: Por supuesto. Y me quedé pensando... pero de verdad que no lo sabía. Hoy, después de haber estudiado "El testigo", yo puedo asegurar que el cante ya es en si mismo pensamiento. El cante está elevado cuando se hace presente a través de alguien como Miguel Pantalón, El cante es el diamante de la India, como ha dicho Fernando Quiñones. Ya ha habido algunos cantaores que han ido desde Andalucía hasta la India buscándolo. Pero ¿Qué es ese diamante? ¿Qué secretos encierra? Y un Miguel Pantalón ¿Dónde calza hoy día, un Miguel Pantalón? Espero que después pueda usted mismo estas preguntas.. Yo ya me tengo que ir yendo porque empieza la función. Con su permiso antes voy a tomarme una copita. El golpe de viento es malo para la voz. Pero... ya está.... ¡Voy! Empieza la función”.
RAFAEL ÁLVAREZ “EL BRUJO”
Nace en Lucena, Córdoba y su actividad con el teatro se inicia en el Corral de Comedias del Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista en el año 1970. Colabora con distintas compañías y desde 1986 compagina su actividad teatral con el cine y la televisión.
En 1988 funda junto con José Luis Alonso de Santos, Gerardo Malla y Jesús Cimarro, la productora de teatro Pentación, S.A. En 1995 funda su propia productora, Producciones El Brujo, S.L. dedicada a la distribución y la producción de teatro y audiovisuales y con ella ha llevado sus espectáculos por los festivales más importantes de España y los más reconocidos de países como Bélgica, Francia, Portugal, Italia, México y Venezuela, entre otros.
Desde su primera colaboración en 1969 en el montaje “La escuela de los bufones”, de Michel de Ghelderode, ha participado en numerosos montajes como “El juego de los insectos”, de los Hermanos Kappeck y “El horroroso crimen de Peñaranda del Campo”, de Pío Baroja, ambos dirigidos por José Luis Alonso de Santos. Ha protagonizado “La taberna fantástica”, de Alfonso Sastre, dirigido por Gerardo Malla; “Pares y Nines”, de José Luis Alonso de Santos; “Lazarillo de Tormes”, en versión de Fernando Fernán Gómez; “El pícaro: aventuras y desventuras de Lucas Maraña”, de Fernando Fernán Gómez; “La sombra del Tenorio”, de José Luis Alonso de Santos…y un largo etcétera que culmina con sus últimos trabajos: “San Francisco, juglar de Dios”, de Dario Fo, “Una noche con El Brujo” y “El Testigo” dirigidos por el propio Rafael Álvarez.
Desde el año 1986 compagina su actividad teatral con el cine y con la televisión, participando en películas como “El Crack”, de José Luis Garci; “La taberna fantástica”, “Don Juan mi querido fantasma”, de Antonio Mercero; “Alma gitana”, de Chus Gutiérrez; “Niño nadie”, de José Luis Borau; “Pajarito”, de Carlos Saura; y más recientemente la adaptación de Fernando Fernán Gómez para el cine de “Lázaro de Tormes”, película galardonada con dos Goyas de la Academia de Cine español.
Como reconocimiento a su carrera, Rafael Álvarez ha recibido numerosos premios, entre los que destacan el Premio Ícaro, concedido por Diario 16, el Premio De Antena 3 a la mejor interpretación teatral (1985), por su trabajo en Lazarillo de Tormes; Premio El Espectador y La Crítica 1986, por La Taberna Fantástica, Premio Asociación de Espectadores Ciudad de Alicante en 1986 y 1994, por Lazarillo de Tormes; Premio Ercilla de Bilbao 1996 a la Mejor Interpretación por La sombra del Tenorio; Premio Meliá Parque al Mejor Actor por Anfitrión; Premio Cadena COPE, Ilustres de Baracaldo 1999 por El Contrabajo; y Premio Canal Sur al Mejor Espectáculo teatral 2000 por Arcipreste.
En diciembre de 2002 se le concedió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, máximo galardón que concede el Ministerio de Cultura y que SS.MM. los Reyes de España entregaron en septiembre de 2003.
En “El testigo”, El Brujo interpreta al acompañante del cantaor flamenco Miguel Pantalón, ese “testigo” del que habla Quiñones, y sobre el que Rafael ha escrito lo siguiente:
“Conocí a Fernando Quiñones en los años setenta. Daba unos recitales de cante y poesía acompañado a la guitarra por otro gran poeta de su generación: Félix Grande. Me invitaron a recitar con ellos unos poemas (Eran poetas andaluces contemporáneos suyos, entre los que recuerdo especialmente a García Baena). El acto fue en el colegio mayor de San Juan Evangelista de Madrid. Quiñones me bautizó después y me presentó al público diciendo: es un rapsoda. Los cantaores flamencos son rapsodas y Fernando Quiñones era poeta y rapsoda.
Era un hombre especial. Su físico era chocante: Ni guapo ni feo. Raro. Su voz todavía la recuerdo. Cierro los ojos leyendo el texto de "El testigo" y puedo oírla. Cuando leí por primera vez "El testigo" oí LA VOZ. Me ocurrió hace años cuando hice "La taberna fantástica". Y nunca más. Ese es el motivo real por el cual yo estoy involucrado en este trabajo. Además, es una deuda antigua. El flamenco fue para mí un ritual de iniciación al arte y fue un método secreto para ganar seguridad cuando comencé a trabajar en el teatro. A los tonos y a los gritos del cante yo les debo mucho como actor. Mi voz se permeó de todo ello, como de todo lo que oí en mi infancia en Andalucía.
Todavía suena todo eso en mi memoria como las campanas de la iglesia de mi pueblo. Al misterio que encierra el cante jondo le debo más, pero eso no puedo explicarlo aquí. Tengo que hacerlo en el escenario, con el texto de Fernando Quiñones. A lo largo de dos meses de ensayo he ido descubriendo cada vez más matices y sabiduría poética, y sentido del ritmo, y de la medida, y delicadeza, en este aparente costumbrismo que encubre en el texto de Quiñones, algo más que está debajo de la fachada: el conocimiento profundo y el estilo de un grandísimo escritor. No me extraña en absoluto que Borges le apreciara sobremanera.
Espero estar a la altura de las circunstancias y vengo aquí con el respeto y la reverencia que me inspiran tanto el cante como la mestróa literaria de un hombre que supo transmutar su devoción por el cante en filosofía, poesía y gracia. Cuando Francisco Ortuño (Al que agradezco que pusiera en mis manos esta joya), me dijo que este texto era la elevación del flamenco a la categoría de pensamiento yo no sabia lo que estaba diciendo. Aunque la frase me gustó. Por quedar bien le dije: Por supuesto. Y me quedé pensando... pero de verdad que no lo sabía. Hoy, después de haber estudiado "El testigo", yo puedo asegurar que el cante ya es en si mismo pensamiento. El cante está elevado cuando se hace presente a través de alguien como Miguel Pantalón, El cante es el diamante de la India, como ha dicho Fernando Quiñones. Ya ha habido algunos cantaores que han ido desde Andalucía hasta la India buscándolo. Pero ¿Qué es ese diamante? ¿Qué secretos encierra? Y un Miguel Pantalón ¿Dónde calza hoy día, un Miguel Pantalón? Espero que después pueda usted mismo estas preguntas.. Yo ya me tengo que ir yendo porque empieza la función. Con su permiso antes voy a tomarme una copita. El golpe de viento es malo para la voz. Pero... ya está.... ¡Voy! Empieza la función”.




























